A muchas personas no se les mueve ni un pelo cuando se les nombra la palabra “finanzas”: creen que a ellos no les concierne, que viven fuera del sistema, que hay “otros” allí afuera más apropiados para encargarse de eso; que eso es para los bancos y los sobrinos que trabajan de cajeros. A duras penas manejan el cajero electrónico y saben qué significa la palabra “cheque” pero solamente porque han tenido que cobrar uno.

El imaginario colectivo colombiano continúa en una nebulosa en la que las chequeras aparecen solo en las películas de Hollywood y en la que las tarjetas de crédito son una especie de regalo que el banco les hace por ser buena gente. Ellos siguen dedicándose a sus propios asuntos y pagando cuotas mínimas sin leer el extracto. ¿Pero es que, a quien le alcanza la vida? (dicen algunos)

Pero la cosa cambia cuando uno les habla de “finanzas personales” y de “su vida financiera”. La cosa se pone personal: las manos sudan, la gente se pasa la mano por el pelo; “Uy, hermano…”, dicen. Es increíble cómo la mayoría de las personas están viviendo mes a mes, esperando la quincena para lanzarse a tomarse unas cervezas y comprar lo necesario para vivir y luego para aguantar los últimos días en un estado de intranquilidad y de angustia que es como un cáncer que carcome la vida diaria y les roba la felicidad.

Tengo una amiga que recibe los extractos de las tarjetas y le pide a otra persona que solo le diga el pago mínimo y se lo escriba en un papelito, y entonces ella va y paga en el banco esa cantidad: tiene tanto miedo de mirar el extracto que nunca lo hace. Se pasa el resto del mes rezando cuando pasa la tarjeta en el supermercado o en las tiendas de ropa y luego sufriendo hasta que llega el día en el que recibe el nuevo extracto. Y el ciclo vuelve a empezar. No pasa un solo día de su vida sin angustia.

Dicen que enfrentar el problema es el primer paso, y en este caso tengo que coincidir con esta frase tan de la onda “zen”. La solución para esta intranquilidad comienza al establecer un estado claro de las cosas, es decir, sentándose en la mesa del comedor, o en el escritorio (o en un parquecito, si prefiere el aire libre, mientras lleva los niños, pero ojo que el viento no le vaya a volar los recibos), desplegando todos los recibos de sus tarjetas y de los créditos que tenga y siendo consciente de la deuda que tiene.

Al principio, esto va a dar miedo, mucho miedo, pero le aseguro que es la única manera de empezar. Una vez tenga claridad sobre lo que debe mensualmente, puede empezar a hacer cuentas detalladas de lo que puede gastar y en qué lo debe gastar, y después un plan para salir de estas deudas y adquirir unas más sanas (por ejemplo, de menos intereses).

Una vez tiene un plan, ve una luz al final del túnel y su intranquilidad financiera se va por el inodoro: y es así de fácil.

Si su vida está llena de “Hays”: Hay que comprar el uniforme, hay que pagarle a la empleada, hay que traer leche, hay que despinchar esa llanta: créame que usted necesita esa tranquilidad extra de la que le estoy hablando aquí.

De verdad, ya es hora de que corte con ese drama en su vida, minuto a minuto, perdiendo sueño. Y no le estoy regalando el santo grial de las finanzas personales, ni mucho menos, solo lo estoy animando a que aplique el paso uno.

Empiece hoy con el paso uno: tenga valentía para poder obtener tranquilidad.

 

  1. La parte de la valentía: Coja todos sus extractos bancarios de tarjetas de crédito, créditos y deudas.
  2. Despliéguelos en la mesa o en un sitio todos juntos.
  3. Escriba en una hoja o en un cuaderno cuánto es la deuda total de cada uno

Ejemplo:

NOMBRE DE LA DEUDA MONTO TOTAL
Tarjeta 1 3’000.000
Tarjeta 2 1’500.000

 

  1. Escriba cuanto es la deuda mensual y cuantos meses le quedan para pagarla.

Ejemplo:

NOMBRE DE LA DEUDA MONTO MENSUAL MESES
Tarjeta 1 150.000 12
Tarjeta 2 54.000 27

 

  1. Luego, escriba en cada tarjeta cuanto le cobran por cuota de mantenimiento mensualmente.

 

Eso es todo. Sí.

Lo felicito por haber dado el primer paso. Es duro, pero al menos ahora usted sabe cuánto debe y a cuanto lo debe. Por ahora no nos vamos a meter con los intereses.

¿Para qué me sirvió esto?

No, no es para que se deprima y se angustie más sabiendo todo lo que debe: eso puede pasarle, pero solo los primeros momentos. Hacer estas cuentas sirve para tener un poco de conciencia sobre sus gastos y para hacerle pensar dos veces en la necesidad real de hacer las compras que hace.

Como dije, esto es solo el paso UNO. En próximas entradas haremos un plan (tranquilo que no lo he dejado solo)

De ñapa

Lo invito a mirar la lista de las cosas que ha comprado con esas tarjetas y créditos y a preguntarse cuáles de estos gastos: a. Han sido realmente necesarios o b. Lo han hecho realmente feliz.

 

Y saque sus propias conclusiones.